CONSTRUIR COMUNIDAD: URGENCIA FRENTE A LA EMERGENCIA SANITARIA

En el planeta se instala una sensación de fragilidad y de rechazo a las conductas que detentan soberbia.

Nos conmueve la situación de emergencia sanitaria provocada por el Covid-19 que afecta nuestra estabilidad vital, emocional, económica y laboral, provocando temor en gran parte de la población y demandando intensamente valores humanitarios como la solidaridad y colaboración entre todos.

El aislamiento forzado pone en evidencia nuevamente una desigualdad de oportunidades especialmente sensible en el acceso a información y desnuda la despreocupación existente hacia sistemas de educación que permitan a los estudiantes garantizar su formación en igualdad de oportunidades.

Saberes del hombre por el hombre: solidaridad y compromiso asoman en el horizonte ético. Solidaridad la entendemos como aspirar y comprometerse activamente con el bien común y, colaboración como la capacidad de trabajar con otros de manera horizontal y constructiva.

Tal como señala el académico y filósofo surcoreano Byung-Chul Han, en estas crisis nos tendemos a aislar y volvernos más individualistas, preocupados por la propia supervivencia y la de nuestros familiares. Resulta urgente hacer una revolución humana sentencia, Byung-Chul Han. Revolución en nuestras acciones que tiene como finalidad: “/…/ crear una sociedad en que las personas puedan vivir dignamente; una sociedad en que las personas puedan transcurrir una existencia en paz /…/”, como señala el filósofo y escritor, Daisaku Ikeda.

Las universidades del estado, como instituciones de educación superior comprometidas con el desarrollo del bien común, debemos promover esa “revolución humana”, con conductas que promuevan ese profundo cambio social y cultural donde todos y todas podamos aspirar a una sociedad justa y pacífica, basada en la razón y los afectos positivos.

Por ello, reiteramos nuestro compromiso con un sistema de educación humanista que favorezca el aprendizaje y desarrollo de cada uno de nuestros estudiantes y de nuestra comunidad, con un fuerte compromiso por el bienestar común, y con el diálogo como forma única de resolución de conflictos (Ikeda, 1997).